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Es enorme, ofensiva al decoro intelectual, la ceguera ultramontana de los sectores dominantes en el país. Primero es mi dinero, luego pienso, es la única máxima, que ronda entre sus escasas significaciones.
Aquí caben las propuestas de Erich Fromm: la oligarquía hondureña se preparó para el tener y se le olvidó la esencia del ser. Tanto tienes, tanto vales, es su propuesta intelectual. El ser vale un comino frente a la acumulación de la riqueza.
En su ceguera secular se nota el frió acerado del dinero, y es sólo en el palpable sonido de las monedas, cuando sienten ternura, cariño, tal como lo plantea Roberto Sosa, en uno de sus magistrales poemas.
Se ríen de los poetas y sus inútiles poemas que de nada sirven en sus máquinas de hacer dinero, y cuando tienen que enfrentar las cansinas propuestas económicas de los Chicago^s boys, acuden desesperados a sus economistas orgánicos de los que hablaba Gransci, para entender la ampliación de sus capitales. Para ellos el Capital de Marx, que nunca han leído, es un bodrio que habrá que quemar en las calendas del infierno.
Nunca han abierto las páginas del Ramayana de Valmiki para degustarlo, y cuando han tenido la necesidad de leer la Biblia , solo ha sido en el sacro momento de leer el versículo que se ajusta a la santificación de sus ganancias. Para ellos es subversiva aquella máxima bíblica que reza: es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja a que un rico entre al cielo. Pero como el dinero todo lo puede, acuden, diezmo en mano, a cualquier iglesia de la esquina, a comprar el derecho de estar con Jehová en la gloria del paraíso.
Estólida hasta el humo de sus fábricas es esta burguesía. Tanta es su ignorancia que cree que el fútbol, con su hechizo enervante, le sacará las castañas del fuego, que mañana, por obra y gracia de Dios y cuatro goles, la lucha de clases desaparecerá y que el viejo Marx solamente será una pesadilla, tras probar por primera y única vez vinos importados de los viñedos franceses (porque ellos aún toman guaro clandestino en calabazas).
Cuando alguien osa rozar sus límites, acuden en romería al Cardenalato, se golpean el pecho, sanan culpas, oran con beatitud y piden que purifiquen a sus soldados y armas, para que defiendan con efectividad sus propiedades sacrosantas. Para ellos no existe diferencia entre el Citibank y la basílica de la Virgen de Suyapa, Patrona de Honduras. De ellos es el poder económico y el poder divino.
Se les ha visto conduciendo sus simios y garrotes para que repriman, en nombre de Dios y la patria, su patria, a sacerdotes, rectores universitarios, profesores, intelectuales, obreros y campesinos, solamente por que los muy osados intentaron pensar en un país donde el pensamiento está prohìbido. Esto recuerda a unos súbditos que perdieron el habla por que una tiranía griega les prohibió hablar. En este país la burguesía inculta prohibió pensar y hablar.
Por ello, ahora, en Honduras, campea el lenguaje tosco y primitivo de la caverna, el gruñido déspota del ignorante. Pensar entre bandidos es sumamente peligroso, es caminar en la cuerda floja de la muerte.
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